viernes, 3 de diciembre de 2010

San Silvestre

        Se celebraba la noche de San Silvestre. Todo el mundo corría de un lado a otro con las prisas del último momento a fin de tener completos los últimos detalles. El se encontraba inquieto, intranquilo. Había intentado incorporarse a la vorágine del momento. Buscar algún detalle que comprar, algún complemento que hiciera la mesa diferente  en aquella noche. Nada le satisfacía porque se sabía incompleto, porque parte de él no estaba allí, y por eso, en cierta medida, maldecía las fiestas que se celebraban. Ella se encontraba sola, muy lejos,  sin más compañía  que sus pensamientos, la  televisión, los fuegos artificiales que se lanzaban desde un parque próximo y que podría ver desde uno de los balcones de la casa. Él le había insinuado que saliera, que no estuviera sola, pero ella había preferido quedarse en casa   con sus recuerdos.
De vez en cuando, él intentaba comunicarse con ella, que supiera que estaba a su lado a pesar de la distancia, pero no era suficiente, y esto le partía el alma. No podía hacer nada más que esperar. La sentía triste, notaba su soledad y un cierto abandono. Quería verla, hablarle, estar sentado a su lado, junto a ella, ver desde la ventana el mismo cielo, respirar el mismo aire,  sentir la misma luz, tener entre las manos las suyas, sentir su calor, su presión, poder compartir los detalles más pequeños de lo que va sucediendo, mientras que así se sentía furtivo, robando momentos para poder mandarle unas simples palabras, tal vez absurdas, pero que pudieran indicarle su presencia, su amor. El reloj anuncio la nueva. Era otro año, estaban sólos en la distancia. Tres horas más tarde se repetía el deseo.
.-Mi amor, feliz año, este será el nuestro
Una cierta congoja atenazaba su pecho, deseaba que todo terminara,  poder compartir sueños y deseos, que pasaran rápidamente  los días para estar juntos de nuevo, sentirse  en presencia, ver su sonrisa, sus gestos,  todo, lo quería todo de ella.

                                                                    Rafael Serrano Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario