viernes, 3 de diciembre de 2010

Un Momento

Como una suave brisa en un día de primavera. Como bálsamo protector que todo lo cuida .Como agua fresca que alivia la sed del caminante. Como un suspiro final,  Pasaste junto a mí en el momento oportuno dejando tu huella perenne, indestructible, trayendo aromas de guayaba y limoneros.
  La vida se escapaba entre los pliegues  deshilachados de un alma rota por los caprichos del camino. Arrastrado por las aguas desbocadas del destino encontré ese poste salvador anclado en lo más profundo de la tierra que me ofreció asidero y amparo. Tu fuerza me salvó. Me vi  de nuevo  joven, fuerte, deseoso de tu presencia, de tus suavidades, amando la vida y encontrando un sentido en ella
  Fue pasión, aventura, deseo incontrolado y al mismo tiempo   buscado, fuiste agua del sediento, descanso del caminante. Un descanso temporal, tan solo un tiempo, un instante en el peregrinar de mi existencia.
  Pasó el tiempo, viviste en el  sueño imposible del que no es dueño absoluto de su destino, en la realidad de una fantasía  de la cual eras dueña y un día el sueño acabó pero el bien ya estaba hecho, tan sólo queda respeto, cariño, y una dulce huella de amor
  ¡Tantas veces te siento a mi lado! Ese pelo azabache, ese abrigo malva, ese perfume tuyo, van y vienen en oleadas pasajeras, recuerdos en el tiempo, sueños volátiles de lo que pudo ser, lo que fue y lo que nunca será.


                Rafael Serrano Ruiz

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