viernes, 29 de octubre de 2010

Queridísima señora




Queridísima señora:
Para mí es un honor  contar  con su  autorización para  poder cortejarla. Es un  placer inmenso poder  estar a su lado la mayor parte del tiempo posible, poder deleitarme con su presencia, e  intentar algún que  otro escarceo amoroso con  usted,  claro que  siempre  con  su permiso  y hasta  los límites  que  se   digne permitirme. Mi voluntad es grande, deseo compartir  con  su  persona lo poco que  Dios me permita disponer. Comprendo sus recelos por amores pasados, que la  hacen  tener  ciertos temores  y prejuicios que espero con el tiempo vayan disipándose. Mi amor  por su persona es sincero, mi  entrega total, y espero  que si usted es complaciente  con  mis intenciones  y me  ama como yo  la  amo a  usted, nuestro futuro será pleno de felicidad. No tenga temor, no  dude  de mi   sinceridad  ni de  mis  sentimientos. Sepa que en mi persona  tiene  un rendido  admirador que  desea ayudarla a  ser feliz sin condiciones,  sólo por  el hecho  de  ser  usted quien es, y sobre todo  recuerde  que las personas  sólo envejecen si dejan de amar, o pierden la  capacidad para ello. Yo espero  que  seamos eternamente jóvenes.
Suyo en cuerpo y alma


Rafael Serrano Ruiz

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