Marcelina

 Marcelina

                                                                                     

 Alicia se encuentra fatigada de los pequeños trabajos que ha estado haciendo en el jardín de la casa: cortar unas flores ajadas, podar un aligustre, colocar correctamente unas piedras junto a un seto. Muy cerca de ella, hay a una hamaca que se encuentra bajo la sombra de un árbol y decide  descansar un poco. El paso del tiempo pasa factura sobre todas las cosas. Sabe que en la medida de lo posible, tiene que luchar contra el deterioro, hay que estar siempre haciendo pequeñas cosas, las cuales realmente la incomodan, la fatigan sobremanera, pero por otro lado la ayudan a mantener su mente ocupada en lo que está haciendo y nada más. Una especie de anestesia del espíritu que realmente no desea ¿Por qué no pensar? ¿Por qué se ha de estar la mayor parte del tiempo ocupado, evitando que la mente busque y analice lo que fue o lo que pudo ser?  Desde su posición ve la parte inferior de la catalpa joven, frondosa, de grandes hojas verdes que destaca contra el azul del cielo. Observando a su través,  llega a distinguir ligeras formaciones de pequeñas nubes blancas que se hacen y deshacen en un movimiento continuo y así en ese estado de relajación, la memoria, tan caprichosa como burlona, mezcla de imágenes reales y sueños, le trae recuerdos con la imagen de Marcelina, ¿Qué será de ella?. Fue poco el tiempo que compartieron sus vidas, pero la huella permanece, la semilla de sus miedos y temores, fructificó de alguna manera y ahora no sabe porque causa, se abre paso en su memoria. La niebla del tiempo se disipa lentamente…


 La casa donde  pasó gran parte de su vida y donde se crió, es una de esas casas antiguas dividida en dos por un larguísimo pasillo. Del lado exterior, está la zona noble, llamada así porque comprende salón y dormitorios principales, después viene la zona fronteriza, formada por los cuartos de baño y el largo pasillo, el cual, pasando junto a la puerta de entrada, desemboca en un pequeño distribuidor  que da por un lado a la cocina, por otro al dormitorio de servicio  y por fin a una última habitación interior, normalmente sin uso específico a pesar de su gran tamaño y que posiblemente, en la antigüedad, podría haberse usado como comedor.

 Marcelina, era  una joven  delgada, morena, ojos oscuros, realmente guapa y con un agradable acento sureño, que hacía las labores de servicio domestico como interna. Una noche, cuando toda la familia duerme,  se escuchan unos gritos  y carreras de pies desnudos por el pasillo. Ante tal alboroto, todos se levantan de la cama alarmados, encontrando corriendo por el pasillo a la pobre Marcelina muerta de miedo, sin más ropa sobre su cuerpo que la  interior (así es como debía de dormir habitualmente) 

.- ¡Qué sucede aquí! Exclama Alicia  asustada ante el alboroto que se ha formado

.-¡Mi padre, mi padre!- Gritaba Marcelina fuera de sí

.-¡ Qué pasa con tu padre, qué dices Marcelina!

.- ¡Mi padre! Grita entre balbuceos Marcelina ¡Que se me ha aparecido en la habitación!

.-¡Cómo es posible! Dice Alicia. Vamos cálmate, has tenido un sueño, una pesadilla, no puede aparecerse tu padre así de pronto en tu habitación ¿No lo entiendes?

.- ¡Que sí, que sí, que se me ha aparecido, se ha sentado a los pies de la cama y ha empezado a hablarme!- Insiste Marcelina

.- Bueno, -Dice Alicia-mirando al resto de la familia que llega presurosa y preocupada por el escándalo. Vamos a tranquilizarnos.Parece que a pesar de su juventud , ha tomado el mando de la situación, o quizás por el estado de estupor del resto de la familia.  ¡A ver! ¡Traer primero algo para abrigar a Marcelina!, así se va a enfriar comenta Alicia.

Pasado el primer susto, Marcelina sigue diciendo que se le ha aparecido su padre  en el dormitorio y se ha sentado a los pies de la cama, hablándola como si estuviera vivo. Después de escucharla, e intentar tranquilizarla, con cierta mezcla de recelo e incredulidad, deciden  avanzar  todos pasillo adelante hacia el dormitorio de la joven. Al llegar al aposento, encienden la luz, pues en su huida,  la pobre no ha tenido ni siquiera la ocurrencia de perder un segundo en tal menester, y no viendo, como es de esperar  absolutamente nada fuera de lo normal, intentan de nuevo tranquilizarla, convencerla, que todo ha  sido un sueño, una pesadilla,  pero es inútil, imposible hacerla entrar en razón. Ella jura y perjura que su padre ha estado en la habitación y la ha hablado. Después de un buen rato de charla, dimes y diretes y dado que no quiere quedarse sola de nuevo, sus padres piensan que lo mejor seria dejar dormir esa noche con ella  a uno de los niños, Bárbara, una terrible miedosa, o luisito, ya que dada su corta edad, no representaba ningún peligro potencial para la integridad moral de la joven. Así que con la decisión tomada, de que fuera él quien se quede haciéndola compañía, todos vuelven de nuevo a la cama. 

Luisito escuchaba sin acabar de comprender lo que estaba sucediendo, así que, cuando se fueron todos a dormir, se quedó plantado en medio del dormitorio, esperando ver de un momento a otro al padre de Marcelina sentarse de nuevo a los pies de la cama, o salir del armario rezando un rosario, o quien sabe qué otra exotérica fantasía. Marcelina, un poco más tranquila, pero no del todo convencida, ordena de nuevo la cama, Introduce a Luisito entre las sábanas,  y después es ella la que se acurruca a su lado no exenta de temor, estrechándole entre sus brazos temblorosos, como si fuera un peluche o un amuleto contra los fantasmas. Puede que creyera, que al no estar sola, el fantasma de su padre no aparecería de nuevo. Luisito, a pesar de su corta edad siente el aroma un poco picante del cuerpo de la joven, su piel, su calor, su suave y  cálido contacto y estrujado entre unos pechos bien proporcionados, pierde el poco miedo que puedo sentir ante una posible visión. Marcelina no tiene valor  de apagar la luz. Luisito siento un cierto calorcillo  desconocido en su interior, se siente muy a gusto y por otro lado no se atreve ni a pestañear. Y así de esa forma, se quedaron dormidos.


  Cuando años mas tarde Luis le recordaba esta historia a Alicia, sonreía  mientras le decía:”ni que decir tiene, que estaba deseando, en mi inocencia, que el padre de Marcelina apareciera otro día nuevamente. Esperaba en vano un nuevo milagro del cielo para pasar otra noche con Marcelina. Pero me resigné a esperar “ .Poco tiempo después, Marcelina dejaba la casa….

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