miércoles, 3 de noviembre de 2010

Bernard


Bernard me mira extrañado y  suelta gruñendo:
.- ¿Qué pasa?  ¿Es un juego?
.- ¡Calla!- Le digo.- Es el amor
El perro mantiene mi mirada. No sé si está burlándose de mí, o habla en serio
.-No lo entiendo
.-Si. -Añado-.  Nosotros nos relacionamos de formas diferentes. Escribimos,     decimos las cosas que sentimos o creemos sentir, y  esperamos
.- ¡Tú sabrás lo que haces!, los humanos sois bastante extraños
.- ¡Calla siento que está aquí! ¿Notas su presencia?
.-No, es tu mente quien te engaña. ¿Cómo vas a notar una presencia que no es tal?
.- No lo sé, puede que sea debido al poder de la mente, la comunión de las almas, una capacidad de comunicación  desarrollada por nuestros sentimientos, o liberada por ellos, por  medio de la cual nos sentimos unidos en todo momento...
Bernard, dubitativo, mueve la cabeza,  no pude entender, claro que él no está allí para eso, sino para acompañarle en su espera, y  esa espera  puede que sea  eterna.


Rafael Serrano Ruiz

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