martes, 26 de octubre de 2010

¡Ey,tu!

"Oí que ladraban los perros como si yo los hubiera despertado ¡Ey, tú! me respondió mi propia voz"
(Pedro Páramo) Juan Rulfo

    Un Hombre marcha por una calle oscura, una farola medio rota intenta rasgar las sombras de la noche con luz amarillenta.Viene de una fiesta, está ebrio pero no demasiado, intentó pasarlo bien pero su soledad le ganó y en vez de comunicar con el resto de las personas reunidas en el lugar, se ha negado a sí mismo, estrechando aún más su amistad con la botella. En su deambular provoca la atención de unos perros que tras un muro  han sentido su presencia. Él, en cierta forma, también se alegra de escuchar sus ladridos porque el hecho le confirma que está vivo entre tanto silencio y entonces, les provoca, quieren que ladren más fuerte, que sus voces le hagan compañía, que rompan su soledad. ¡ Ey    tú! les llama, pero no, ellos ya han perdido interés en el viandante. ¡Ey, tú! escucha reflejado el sonido de su voz
    Un hombre marcha por una calle oscura, lleva una bolsa en la mano, en ellas unas  pocas pertenencias, las que ha podido guardar antes de que ellos reaccionaran terminando de vestirse, ante la sorpresa de verle entrar en su propio dormitorio. Nunca podía haberse imaginado que una noche gélida como aquella, deambulara aterido de frío  entre calles desiertas. Oye ladrar unos perros, quizás los hubiera despertado. Mira hacia los lados, luego hacia atrás... Nadie, todo en silencio, sus pasos resuenan rítmicos camino a ninguna parte. Los ladridos se repiten más cercanos ¡Ey tú! Les llama. El silencio le responde ¡Ey tú!. Les grita y como si alguien hubiera a la vuelta de la esquina,  alcanza a oír su voz que le contesta ¡Tú!
    Es un hombre que, más que marchar, camina con paso decidido, de vez en cuando, con una extraña cabriola, manifiesta su alegría, no lleva nada en las manos, las mueve con energía, lleva la chaqueta abierta y desea gritar, ¡Gritar al mundo su alegría!. Ella , hace un instante, unas calles más arriba, le ha dado el sí, y con amor le ha besado. Siente el carmín fresco en sus labios y le da igual sin es tarde o todavía temprano. Oye ladrar unos perros ¡Qué más da si los ha despertado!. Los busca por el sonido que producen sus ladridos. ¡Ey tú! Les dice. No molestéis es tarde... Y además ¿Es que no veis que estoy enamorado? Y alcanza a oír su voz que dice ¡Ey tú amado!
    Soy un hombre enamorado de una sombra, una quimera, un sueño ilusionante, voy por un camino que me es desconocido, la sombra está cerca, casi a mi lado, corro tras ella pero no la alcanzo ¡Ey tú! le grito ¡ Espera, yo te amo! Oigo el ladrar de los perros, los habré despertado. Las estrellas refulgen y del cielo se desprenden lágrimas de luz que iluminan con tal fuerza, que a la sombra se transforman en el cuerpo de mi amada. ¡Ey tú! susurro ¡Detente , espera! Abre sus brazos, en ellos pronto me fundo, y lleno de amor, entre el fulgor de los besos que libo en sus dulces labios, escucho mi corazón que dice ¡Ey tú ! ya puedes descansar, estas a su lado


Rafael Serrano Ruiz
   

1 comentario:

  1. el encuentro sagrado...con nosotros mismos..¿Oyes ladrar a los perros? Te felicito tanto...

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